INTRODUCCIÓN.
Si bien el paradigma conductista, revisado en el capítulo anterior, es
el que más antigüedad y tradición de investigación ha tenido (fundado sobre
todo durante los años sesenta y parte de los setenta, el paradigma cognitivo
del procesamiento humano de información) es uno de los más pujantes y sin lugar
a dudas ha venido desplazando al primero en los últimos veinte años.
Recordemos que el paradigma conductista estaba regulado básicamente por
la hipótesis de extrapolación-traducción: adoptando acríticamente la
información proporcionada por la investigación experimental básica. En
oposición, el paradigma cognitivo psicoeducativo, se encuentra por la hipótesis
de interdependencia-interacción, produciendo un conocimiento propiamente
psicoeducativo y generando líneas de investigación dentro de los ámbitos educativos
(tendencia creciente). De este planteamiento ha emanado la Psicología
Instruccional, que según Glaser es firme heredera de las ideas de Dewey, dado
que es concebida como una ciencia puente entre las disciplinas Psicología y la
educación.
Como hemos dicho la Psicología Instruccional, ha permitido enriquecer
los tres núcleos de la Psicología de la Educación e incluso otra de las
características propias de este paradigma es el denodado esfuerzo de algunos de
sus adeptos por incorporar las influencias de otros paradigmas, dentro de los
que se destacan el constructivista y el sociocultural.
Antecedentes.
No cabe duda que la Psicología Cognitiva, como han dicho algunos, tiene
un amplio pasado y una historia breve. Cuando se trata de hacer la historización
de éste enfoque, generalmente uno se remite a describir la génesis y el
desarrollo de la aproximación del procesamiento de información en Norteamérica,
a partir de finales de la década de los cincuenta, excluyendo otras tradiciones
de investigación (que anteceden y de hecho han influido en la conformación de
esta aproximación) como la Gestalt, la Psicología Genética y los trabajos de
Vygotsky, por citar algunos de los más renombrados.
Todas estas tradiciones y paradigmas, tienen en común el abocarse a una
o más de las categorías o dimensiones de los cognitivo (atención, percepción,
memoria, inteligencia, lenguaje, pensamiento, etc.), aunque también, hay que
remarcarlo, existen diferencias cualitativas entre todos ellos.
En este capítulo nos centraremos en presentar una descripción del
enfoque paradigmático del procesamiento de información, considerando a la par
que no constituye la totalidad de la Psicología cognitiva, pero si una de las
aproximaciones de investigación más vigorosas en el panorama actual de la
psicología, con un gran caudal de implicaciones y aplicaciones al campo de la
educación. Más adelante nos aproximaremos a los enfoques psicogenético y
vygotskiano, los cuales a su vez merecen una atención más detallada dignos de
un capítulo propio.
El enfoque del procesamiento de la información, según varios autores (De
Vega, 1984; Gardner, 1987; Pozo, 1989) vio la luz a finales de la década de los
cincuenta, para ser más preciso, en el año de 1956. Este año fue verdaderamente
revelador, porque empezaron a aparecer trabajos e investigaciones de naturaleza
seminal, en el campo de la cognición. A grosso modo, podemos decir que dichos
trabajos devinieron de tres campos, que se consideran los antecedentes
inmediatos de este paradigma, a saber: la lingüística, la teoría de la
información y la ciencia de los ordenadores.
Durante este año y los siguientes, se comenzó a gestar el movimiento que
algunos han llamado la revolución cognitiva y que a juicio de Lachman y
Butterfield (1979) constituyó un auténtico cambio de paradigmas en el sentido
kuhniano.
Además de los anteriores factores, hay que reconocer otras dos
situaciones históricas exógenas, que crearon una atmósfera propicia para el
desarrollo del nuevo paradigma. Primero, algunos autores han mencionado la importancia
de la revolución tecnológica de la posguerra en Norteamérica en el campo de las
comunicaciones y la informática (Bruner, 1983, cit. por Pozo, 1989; Riviere,
1987). Segundo, en esta misma década se comenzó a general un clima de crítica y
desconfianza hacia el paradigma conductista, que después se acentuaría, como
consecuencia tanto de la aparición de ciertos trabajos sintomáticos
(anomalías), como por la impugnación directa hacia sus concepciones
epistemológicas y metodológicas subyacentes, basadas en el positivismo y el
fisicalismo.
A partir de los sesenta y hasta nuestros días, se han desarrollado un
considerable número de investigaciones e información teórica sobre las
distintas facetas de la cognición (entendida como la adquisición, organización
y uso del conocimiento, Nesser, 1982) inspiradas en la metáfora del ordenador.
Según esta metáfora, el ordenador es una instancia de los sistemas de
procesamiento de información, al cual según los cognitivistas, también
pertenece el hombre. El paradigma del, procesamiento de la información, no es
una aproximación monolítica; existen actualmente varias corrientes y
tradiciones bajo este enfoque paradigmático (v. De Vega, 1984; Riviere, 1989),
el enfoque cognitivo está interesado en el estudio de la representación mental,
considerada como un espacio de problemas propios, más allá del nivel biológico
y al mismo tiempo distinto del nivel sociológico o cultural. Los teóricos del
procesamiento de información, están interesados en describir y explicar la
naturaleza de las representaciones mentales, así como el determinar el papel
que juegan en la producción de las acciones y conductas humanas. Por tanto, la
problemática considerada clave, ante la cual son dirigidos directa o
indirectamente los esfuerzos teórico-metodológicos de los psicólogos
cognitivos, queda englobada en las siguientes preguntas: ¿Cómo la
representaciones mentales guían los actos (internos o externos) del sujeto con
el medio? y ¿Cómo se construyen o generan dichas representaciones mentales en el
sujeto que conoce?.
Según Gardner (1987), el científico que estudia la cognición considera
que ésta "debe ser descrita en función de símbolos, esquemas, imágenes,
ideas y otras formas de representación mental" (p. )... como por ejemplo
planes y estrategias. Los estudios sobre representación mental han sido muy
diversos en las tres décadas de existencia del enfoque, algunos consideran que
existen básicamente dos formas de representación" imaginal y proporcional.
Otros en cambio, consideran que existen formas múltiples y distintas.
Hay que mencionar que para el estudio de esta problemática, los
cognitivistas han referido sus planteamientos a la analogía mente -
ordenador. Una analogía que a todas luces ha resultado de gran
potencialidad heurística, pero que sin embargo, no es aceptada por igual, por
todos los partidarios del paradigma.
De Vega (1984) ha mencionado que existen dos interpretaciones de esta
analogía funcional entre la mente y el ordenador (ambos son sistemas de
propósito general que procesan símbolos). Las llamadas versiones fuerte y
débil. La versión fuerte acepta la analogía como un recurso metodológico, en
tanto que considera que existe una completa equivalencia funcional entre el
ordenador y la mente humana. Tiene sus más fieles seguidores en el campo de la
Inteligencia Artificial (una de las áreas de la informática), donde se pretende
desarrollar una teoría unificada de la mente y el ordenador, utilizando a éste
último como medio de simulación del sistema cognitivo humano.
Fundamentos epistemológicos.
De acuerdo con Gardner (1987) y Riviere (1987), el paradigma del
procesamiento de información se inserta dentro de la gran tradición
racionalista en filosofía.
Esto es, da la primacía a las representaciones y entidades internas
(ideas, conceptos, planes, en fin cualquier tipo de cognición) sobre los
eventos externos, durante el proceso del conocimiento.
Dicho de otra manera, para los cognitivistas no son regulados por el
medio externo, sino más bien por las representaciones que el sujeto ha elaborado
o construido. Por tanto a diferencia del enfoque conductista, donde el sujeto
está controlado por las contingencias ambientales, en este paradigma el sujeto
es un activo cuyas acciones dependen en gran parte por dichas representaciones
o procesos internos que él ha elaborado como producto de la relaciones previas
con su entorno físico y social. Esto significa al mismo tiempo que el sujeto de
conocimiento, deja de ser una tabla rasa que simplemente acumula por asociación
impresiones sensoriales para ir conformando sus ideas sobre lo real. Por el
contrario, el sujeto organiza tales representaciones dentro de su sistema
cognitivo general, las cuales les sirven para sus posteriores interpretaciones
de lo real.
A pesar de ciertas tendencias innatistas dentro de la psicología
cognitiva (como el caso de los psicolingüistas chomskianos), más recientemente
dentro del paradigma del procesamiento de información una gran cantidad de
teóricos han autoconfesado una postura constructivista (5) en sus concepciones
sobre cómo el sujeto conoce los eventos externos e internos. De acuerdo con
esta concepción, el sujeto posee una organización interna de eventos que va
reelaborando, en función de los intercambios con el exterior y a partir de esta
organización interna (estructuras, esquemas, reglas, etc.) el sujeto interpreta
y resignifica continuamente, en forma dinámica, la realidad.
Supuestos teóricos.
En principio debemos considerar que todos los teóricos cognitivos están
de acuerdo en el postulado de la naturaleza causal de los procesos o eventos
internos en la producción y regulación de la conducta. (Pozo, 1989; Riviere,
1987). Dicho de otra manera, la explicación del comportamiento del hombre debe
remitirse a una serie de procesos internos que ocurren dentro del mismo.
Muchos de los esfuerzos en el paradigma han estado orientados a
describir y explicar los mecanismos de la mente humana, para lo cual se han
propuesto varios modelos teóricos. Estos modelos pretenden dar cuenta, de cómo
es que se realiza el procesamiento de la información, desde que ingresa al
sistema cognitivo hasta que finalmente es utilizado, para realizar una conducta
en contexto. Los modelos de procesamiento de información, comenzaron a aparecer
desde los inicios de productividad del paradigma. Unos de los subsistemas
preferentemente tratados, en estos primeros modelos han sido los procesos de
memoria (vgr. los modelos multialmacén).
En gran parte, los modelos planteados, en forma de diagramas de flujo
(para describir por donde va pasando la información, desde que entra al
sistema), pertenecen a los primeros veinticinco años del paradigma y en los
últimos años han dejado de proliferar, al menos en el sentido en que antes eran
planteados (6). Nos obstante, uno de los modelos más interesantes, sobre el sistema
cognitivo humano, lo constituye el descrito por Norman (1987) (v. fig. 5.1). El
modelo supone que el ser humano es un sistema de procesamiento de símbolos
(cognición), y es capaz de manipularlos, procesarlos, transformarlos,
reorganizarlos y utilizarlos (v. Newell, 1987). El hombre realiza el
procesamiento con múltiples fines e intencionalidades. Se supone igualmente que
el sistema cognitivo funciona adecuadamente, cuando representa en forma exitosa
una porción de la realidad.
Todos los sistemas cognitivos, animados o artificiales, deben tener los
siguientes elementos (extractados de Norman, 1987):
a) Una forma de recibir información: receptores.
b) Una forma de ejecutar acciones en el mundo: sistema motor.
c) Procesos cognitivos que incluyen:
- Una forma de interpretar e
identificar información recibida por los receptores,
- una forma de controlar las
acciones que se ejecutan,
- una forma de guiar la
distribución de recursos cognitivos cuando las necesidades superen las
posibilidades,
- una memoria de acciones y
experiencias.
Estos procesos cognitivos implican que:
- debido a que los recursos son finitos, será necesario algún tipo de
distribución de recursos (atención).
- sea necesaria la participación de una memoria de trabajo (a corto
plazo)
- un interprete y mecanismos de retroalimentación que permitan observar
las operaciones en el mundo y modificarlas,
- alguna forma de autogenerar planes y controlar su funcionamiento, ello
requiere niveles de conocimiento (metaconocimiento).
- para la acción inteligente tiene que existir un modelo del entorno, de
uno mismo y de los otros,
- tiene que aprender y automodificar su conducta y el conocimiento.
Prescripciones metodológicas.
Para estudiar los procesos y representaciones mentales, los teóricos del
procesamiento de información utilizaron un recurso básico: la interferencia.
Ellos consideran que no se puede proceder de otra manera, porque su interés se
centra en el estudio de procesos observables por vía directa, por lo que para
comprender la naturaleza de los procesos cognitivos (estructuras y planes) es
necesario observar los comportamientos del sujeto y realizar luego análisis
sistemáticos durante la investigación, para llegar a la descripción y
explicación detallada de los mismos.
(Figura) El sistema de procesamiento de información. Los componentes
básicos son una serie de mecanismos de procesamiento en los que entra
información del medio; llevan a cabo operaciones generales de procesamiento
central y dan como resultado un control motor. El procesamiento central es
complejo, con diferentes fuentes de información actuando entre sí, controladas
por una estructura de procesamiento, que permite desarrollar varias operaciones
simultáneamente, la autoconciencia y la conciencia de algunos procesos. (tomado
de Norman, 1987, p. 317).
Por otro lado, respecto a los tipos de estrategias metodológicas que se
han utilizado en los estudios de la cognición, según De Vega (1984) pueden
clasificarse dentro de cuatro tipos: 1) la introspección, 2) la investigación
empírica, 3) la entrevista o el análisis de protocolos verbales y 4) la
simulación.
La introspección como recurso metodológico, ha sido objeto de muchas
críticas y en definitiva ha sido poco utilizada dentro del paradigma, no así
los tres restantes que hemos mencionado.
La investigación empírica ha sido utilizada en forma extensiva, con una
multiplicidad de variantes (vgr. cronometría mental, aprendizaje verbal,
estudios de atención, percepción, memoria, inteligencia, pensamiento, etc.),
desde los más experimentales hasta las investigaciones en escenarios y
contextos naturales (los más recientes v. nota 3), produciendo una gran
cantidad de evidencias sobre la cual descansan las elaboraciones teóricas.
La entrevista y el análisis de protocolos verbales igualmente han sido
utilizados en varias líneas de investigación (vgr. expertos-novatos, solución
de problemas) resultando de alta validez heurística.
Finalmente, la simulación (v. nota 1) ha sido empleada en forma
sistemática por los teóricos de la versión fuerte del paradigma.
Por tanto, en la psicología cognitiva existe actualmente una pluralidad
de métodos, para desarrollar investigaciones sobre las distintas dimensiones y
facetas de la cognición.
Conocimiento
consciente
|
¾¾¾
|
Deseos
Intenciones
Motivaciones
|
¾¾¾
|
Emociones
|
||
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|
¾¾¾
|
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|
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|
¾¾¾ ¾¾¾|
|
||
¾¾
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|
Estructuras de memoria
A largo plazo - memoria secundaria
A corto plazo – memoria primaria
Conceptos activados Almacén operante
|
¾¾
¯
|
||||
½
|
½¯
|
|||||
Reconocimiento de
patrones.
|
Programas motores
|
|||||
½
|
½¯
|
|||||
Análisis preliminares y
sistemas de memoria
sensorial.
|
Sistemas de control motor
|
|||||
½
|
½¯
|
|||||
Receptores: transducción
sensorial
|
Efectores: habla; músculos,
miembros
|
|||||
½
|
½¯
|
|||||
SEÑALES FISICAS SONIDO Y MOVIMIENTO
Proyecciones de aplicación al campo educativo.
Casi desde los inicios del paradigma cognitivo del procesamiento de
información, comenzaron a proponerse aplicaciones al campo de la educación. Hay
que tener presente que uno de los factores que influyeron en este sentido, fue
en forma paralela a la revolución cognitiva de inicios de los sesenta, ocurrió
el movimiento de las reformas curriculares educativas en Norteamérica, por lo
que no era raro que los expertos en educación vislumbraran la posibilidad de
derivar aplicaciones educativas del nuevo enfoque.
Dentro de las primeras proyecciones de aplicación, debemos considerar a
dos autores quienes son sin duda los pilares de una serie de propuestas que se
han prolongado hasta nuestros días. Por un lado, tenemos la figura de Jerome
Bruner, el teórico de las múltiples facetas de la cognición (ha tratado
temas como pensamiento, percepción, lenguaje, etc.), que incluso fue uno de los
participantes activos dentro de las mencionadas reformas y por otro lado, el no
menos interesante Davis P. Ausubel.
J. Bruner es ciertamente uno de los psicólogos cognitivos de la
educación con mayor trayectoria, cuya obra causó un fuerte impacto en los
sesenta y parte de los setentas en Norteamérica con sus propuestas del
aprendizaje por descubrimiento y acerca del currículo para pensar. Ausubel
igualmente, durante la década de los sesenta elaboró la teoría del aprendizaje
significativo o de la asimilación y fue uno de los teóricos que mayor
inquietud ha demostrado por el análisis metadisciplinar de la psicología
educativa y de los problemas educativos en contextos escolares.
Además de la obra de estos clásicos (no obstante aún vigentes), se
desarrolló un gran caudal de investigaciones y experiencias que han desembocado
en la configuración de la llamada Psicología Instruccional, la cual desde
nuestro punto de vista está erigida sobre las ideas de Dewey, Ausubel y su
divulgador actual, Glaser. Como ya hemos dicho la Psicología Instruccional es
una de las corrientes hegemónicas en la actualidad en la Psicología
Educacional, en la cual se han desarrollado una gran cantidad de programas
educativos prescriptivos y de investigación.
Dentro de las líneas más utilizadas que revisaremos en este capítulo
están:
1.- En la teoría del aprendizaje significativo de Ausubel.
2.- Las implicaciones educativas de la teoría de los esquemas.
3.- El uso de estrategias instrumentales y la tecnología del texto.
4.- La investigación y programas de entrenamiento sobre estrategias
cognitivas y de enseñar a pensar.
Dichas líneas de investigación e intervención, tienen ciertas
características propias por lo que resulta problemático hacer una integración
completa de ellas.
La exposición siguiente ha retomado conceptos de las líneas antes
enumeradas y se ha intentado presentar los puntos convergentes de las mismas.
Concepto de enseñanza.
Uno de los puntos principales que los psicólogos educativos de
procedencia cognitiva, les ha interesado resaltar es que la educación debiera
orientarse a lograr el desarrollo de habilidades de aprendizaje (y no sólo el
enseñar conocimientos). El aprendizaje de contenidos o dominios de conocimiento
(socialmente válido, etc.) por parte del alumno no es suficiente. El alumno
además debe desarrollar una serie de habilidades intelectuales, estrategias,
etc., para conducirse eficazmente ante cualquier tipo de situaciones de
aprendizaje (sean buenas o malas), así como para aplicar los conocimientos
adquiridos frente a situaciones nuevas de cualquier índole (dominio específico
o transdominios). Sin duda el énfasis es puesto en el alumno,
independientemente de cualquier situación instruccional, para que desarrolle su
potencialidad cognitiva y se convierta en una aprendiz estratégico (que sepa
como aprender y solucionar problemas). Otro aspecto relevante, que algunos
teóricos han señalado como en el caso de Ausubel, es que el aprendizaje
significativo de los contenidos (no basta aprender los contenidos sino
aprenderlos bien) son el protagonista fundamental de los programas escolares.
Metas y objetivos de la educación.
Los cognitivos consideran que dentro de las metas y objetivos
pioritarios de la escuela deberían contarse aquellos que estuviesen centrados
con el aprender a aprender y/o con el enseñar a pensar (Bruner, 1985;
Nickerson, Perkins y Smith, 1987). Los alumnos deben egresar de las
instituciones educativas, cualquiera que sea su nivel, con una serie de
habilidades como procesadores activos y efectivos de conocimiento.
Respecto a la operacionalización de los objetivos, en primer lugar deben
considerarse los esfuerzos de Bloom y colaboradores sobre la clasificación
cognitiva de los objetivos, en su ya tan conocida taxonomía (7). Mediante la
misma, los objetivos, de un programa, curso, etc., son clasificados en función
de seis niveles de complejidad creciente, a saber:
1.- Conocimiento: Recuerdo y retención literal de la información
enseñada.
2.- Comprensión: Entendimiento de los aspectos semánticos de la
información enseñada.
3.- Aplicación: Utilización de la información enseñada.
4.- Análisis: Análisis de la información enseñada en sus partes
constitutivas.
5.- Síntesis: Combinación creativa de partes de la información
enseñadas, para formar un todo original.
6.- Emisión de juicios sobre el valor del material enseñado.
No obstante, la
taxonomía de Bloom no ha estado exenta de críticas. Desde la misma perspectiva
cognitiva, se ha señalado que la taxonomía no fue elaborada sobre la base de un
sólido modelo teórico, ni una fuerte evidencia empírica que la respaldase, por
lo que incluso algunos autores han puesto en duda su validez psicológica (v.
Biehler y Snowman, 1990). Otros autores como Greeno (1978) ha propuesto la enunciación
de objetivos cognitivos y se han planteado otras taxonomías basadas en la
hipótesis de los niveles de procesamiento de Craik y Lockhart (v. Selmes,
1988). Estas propuestas, sin embargo, no constituyen alternativas sólidas a la
taxonomía, ni tienen un valor práctico como para ser aplicados con la misma
frecuencia que actualmente se sigue aplicando dicha taxonomía.
De cualquier
manera, debe quedar claro que en esta perspectiva, los objetivos enfatizan la
enseñanza o aprendizaje de eventos y procesos internos, en lugar de las
conductas observables a las que se refieren los conductistas. Otra diferencia
entre los dos enfoques, se refiere al grado de generalidad con que son
planteados los objetivos, no debe hacerse con un grado de especificación extrema,
como en el caso de los objetivos conductuales, porque casi siempre resulta que
se enfocan en aspectos triviales enmascarando otros aspectos fundamentales; por
tanto, los objetivos deberían ser enunciados en términos descriptivos y
generales, más próximos al lenguaje del especialista curricular y maestro que
el del psicólogo (Araujo y Cadwick, 1988).
Concepción del alumno.
El alumno es entendido como un sujeto activo procesador de información,
que posee una serie de esquemas, planes y estrategias para aprender y
solucionar problemas, los cuales a su vez deben ser desarrollados. Siempre en
cualquier contexto escolar, por más restrictivo que este sea existe un cierto
nivel de actividad cognitiva, por lo que se considera que el alumno nunca es un
ente pasivo que está a merced de las contingencias ambientales o
instruccionales. Desde el punto de vista cognitivo, esta actividad inherente,
debe ser desarrollada para lograr un procesamiento más efectivo.
De acuerdo con esta postura se considera que los arreglos instruccionales
son una condición necesaria pero no suficiente, para que el alumno aprenda lo
que nosotros queremos enseñarle. Dentro del diseño instruccional, los
cognitivos se preocupan más del contenido que por la forma. Esto es, no
realizan especificaciones detalladas de numerosos objetivos específicos, ni
análisis de tareas sofisticadas, sino que en principio parten de lo que los
alumnos ya saben (su conocimiento previo, su nivel de desarrollo cognoscitivo)
y luego programan experiencias sobre eventos substanciales interesados en
promover el aprendizaje significativo de los alumnos (por recepción y por
descubrimiento), así como para potenciar, inducir y entrenar habilidades
cognitivas y metacognitivas.
Por tanto, es en la
capacidad cognitiva del alumno donde está el origen y finalidad de la situación
instruccional y/o educativa; por lo cual es menester, darle oportunidad para
desempeñarse en forma activa (abierta o cubierta), ante el conocimiento y
habilidades que queremos enseñarle.
Concepción del maestro.
Como primera
condición, el maestro debe partir de la idea de un alumno activo que aprenda
significativamente, que aprenda a aprender y a pensar. Su papel en este
sentido, se centra especialmente en confeccionar y organizar experiencias
didácticas que logren esos fines. Las diferencias con el profesor
tradicionalista consisten en no centrarse en enseñar exclusivamente
información, ni en tomar un papel protagónico (es el que sabe, el que da la
clase, etc.) en detrimento de la participación de los alumnos.
Desde la perspectiva ausubeliana, el profesor debe estar profundamente
interesado en promover en sus alumnos el aprendizaje significativo de
los contenidos escolares (descubrimiento y recepción v. más abajo). Para ello,
es necesario que procure que en sus lecciones, exposiciones de los contenidos,
lecturas y experiencias de aprendizaje, exista siempre un grado necesario de
significatividad lógica (arreglo lógico de ideas, claridad de expresión,
estructuración adecuada, etc.) para aspirar a que los alumnos logren un
aprendizaje verdaderamente significativo. Igualmente, debe conocer y hacer uso
de las denominadas estrategias instruccionales cognitivas (vgr.
organizadores anticipados, resúmenes, analogías, mapas conceptuales y redes
semánticas, preinterrogantes, etc. (v. apartado 5.5.6), para aplicarlos de
manera efectiva en sus cursos o situaciones instruccionales. Otro aspecto
relevante, es la preocupación de debe mostrar por el desarrollo, inducción y
enseñanza de habilidades o estrategias cognoscitivas y metacognoscitivas de los
alumnos. En los enfoques de enseñar a pensar, el maestro debe permitir a los
alumnos experimentar y reflexionar sobre tópicos definidos de antemano o que
emerjan de las inquietudes de los alumnos, con un apoyo y retroalimentación continuas.
Concepción del aprendizaje.
Una de las teorías
del aprendizaje desde el punto de vista cognitivo, lo constituye sin duda los
trabajos sobre el aprendizaje significativo de Ausubel. Este autor, se ha
referido en particular al aprendizaje en el escenario escolar.
Según Ausubel
(1976), no todos los tipos de aprendizaje son iguales, como lo han señalado los
conductistas, para quienes sólo existe una forma de aprender.
Existen diferentes
tipos de aprendizajes que se dan dentro del aula escolar.
Para comprenderlos
conviene hacer dos distinciones básicas:
1) en torno al tipo de aprendizaje realizado por el alumno (la forma en que
lo incorpore dentro de su estructura cognoscitiva) y
2) respecto al tipo de estrategia de
enseñanza que se siga. De acuerdo con la primera dimensión se pueden distinguir
dos modalidades de aprendizaje: el repetitivo o memorístico y el significativo;
conforme a la segunda, debe distinguirse entre aprendizaje por recepción y por
descubrimiento.
El aprendizaje memorístico, consiste en aprender la información
en forma literal o al pie de la letra, tal cual nos han sido enseñados. Un
ejemplo de aprendizaje memorístico sería el aprendizaje de un número telefónico
o el de un poema.
El aprendizaje significativo, en oposición, consiste en la adquisición
de la información en forma sustancial (lo esencial semánticamente) y su
incorporación dentro de la estructura cognoscitiva no es arbitraria, como en el
aprendizaje memorístico, sino relacionando dicha información con el
conocimiento previo.
El aprendizaje receptivo, se refiere a la adquisición de
productos acabados de información, donde la participación del alumno consiste
simplemente en internalizar dicha información. Este tipo de aprendizaje se
suele confundir con el primero pero sin duda no son iguales, dado que podemos
tener aprendizaje por recepción memorístico o significativo.
El aprendizaje por
descubrimiento, es aquel donde el contenido principal de la información a
aprender no se da en su forma final, sino que debe ser descubierta por el alumno.
Es tarea del
docente el desarrollar el aprendizaje significativo (8) (por recepción y por
descubrimiento) en sus alumnos, dado que se ha demostrado que este tipo de
aprendizaje está asociado con niveles superiores de comprensión de la
información y es más resistente al olvido.
Para que ocurra el
aprendizaje significativo son necesarias varias condiciones:
1.- que la información adquirida sea en forma sustancial (lo esencial) y
no arbitraria (relacionada con el conocimiento previo que posee el alumno),
2.- que el material a aprender (y por extensión la clase o lección
misma) posea significatividad lógica o potencial (el arreglo de la información
no sea azaroso, ni falto de coherencia o significado),
3.- que exista disponibilidad e intención del alumno para aprender.
Por otro lado, a partir de la teoría de los esquemas (9), también se ha
propuesto una explicación del aprendizaje con similitudes y diferencias a la
antes descrita.
Para Rumelhart y cols. (v. Aguilar, 1982) el aprendizaje es un proceso
analógico donde intervienen los esquemas que posee el sujeto utilizándolos como
modelos de la situación o de la información a aprender, hasta que el ajuste
(esquemas-situación a aprender) sea alcanzado. Según estos autores pueden
distinguirse tres tipos de aprendizaje: 1) por crecimiento, donde
simplemente se acumula nueva información a los esquemas preexistentes (se
rellena las variables de los esquemas); 2) por ajuste, cuando los esquemas
resultan de mayor nivel de inclusividad o de especificidad respecto a la
información a ser aprendida provocándole reestructuraciones o formación de
nuevos esquemas, a partir de la interacción esquemas existentes-información
nueva.
Finalmente hay que
señalar que de acuerdo con la línea de investigación de estrategias cognoscitivas,
el aprendizaje de la información puede ser entendido como producto del uso
efectivo de las estrategias cognoscitivas, metacognoscitivas y
autorregulatorias.
Las estrategias cognoscitivas son planes o cursos de acción que el
sujeto realiza, utilizándolas como instrumentos para optimizar el procesamiento
de la información (codificación) organización y recuperación de la
información). Estas estrategias a la vez suponen la participación de otras más
amplias denominadas metacognitivas, que tienen que ver con los procesos
conscientes del alumno sobre que es lo que sabe o no de sus propios procesos
cognitivos en función de determinadas situaciones, tareas o problemas. Otras
estrategias asociadas a las dos primeras son las autorregulatorias, que son
estrategias más amplias las cuales intervienen regulando todo el proceso de
aprendizaje o de solución del problema, desde la fase de planeación (que se
desea alcanzar y cómo se va a hacer) durante todo el proceso de adquisición o
de acciones para alcanzar la solución (monitoreo, chequeo continuo) hasta la
fase última de evaluación (si se alcanzó la meta o no y qué acciones hacer).
Se entiende que desde esta última perspectiva el aprendizaje es
entendido como un proceso complejo de solución de problemas, donde el alumno
debe intervenir estratégicamente, coordinando sus medios disponibles
(estrategias) para alcanzar la solución.
Bransford (1979) ha propuesto el tetraedro del aprendizaje, (v. figura
5.2) para señalar cuáles son los factores y las interacciones entre ellos, que
intervienen en el proceso del aprendizaje estratégico, dichos factores son:
1.- naturaleza de los materiales: tipo de información a aprender y
formatos en que se proporcionan,
2.- demandas de la tarea: criterios que se exigen para la ejecución
exitosa, los cuales pueden ser el recuerdo literal de la información, el
recuerdo semántico, la aplicación de lo aprendido, etc.
3.- características del aprendiz: el nivel de desarrollo, el
conocimiento esquemático (conocimiento previo), el conocimiento metacognitivo
(que sabe respecto al tema, etc.)
4.- actividades de aprendizaje: son las acciones que realiza el sujeto
para aprender, tales como los tres tipos de estrategias antes señaladas.
®
|
CARACTERISTICAS DEL
APRENDIZ
|
®
¯
|
ESTRATEGIAS O
ACTIVIDADES DE
APRENDIZAJE
|
¬ ®
¯
|
DEMANDAS DE
LA TAREA
|
¬
|
NATURALEZA DE LOS
MATERIALES
|
¬¯
|
(Figura) El tetraedro del aprendizaje
Todos los factores de tetraedro interactúan entre sí, durante el proceso
de aprendizaje. Se supone que los aprendices más eficaces, son aquellos que
consideran todos los factores actuando en forma inteligente durante todo el
proceso.
Mientras que los aprendices ineficaces, no coordinan todos los factores
en forma inteligente, para alcanzar las metas predeterminadas (demandas de la
tarea) y por tanto su ejecución es defectuosa. De esto se desprende un
corolario, que revisaremos más abajo, respecto a que los aprendices ingenuos o
novatos pueden ser entrenados para mejorar su aprendizaje estratégico,
dependiendo de las carencias de que dispongan, de acuerdo con el tetraedro del
aprendizaje.
Metodología de la enseñanza.
En el contexto del enfoque cognitivo, la intención instruccional se
centra en la promoción de un aprendizaje significativo, en la inducción o
modelamiento de un conocimiento esquemático más elaborado y rico, y en la
enseñanza de estrategias o habilidades de tipo cognitivo. Hasta el momento, aún
no existe una propuesta integradora que reconsidere todas estas posibilidades
(dado que son líneas que en general se han desarrollado en forma independiente,
aunque con ciertos lazos e interacciones interesantes), pero se han planteado
situaciones didácticas en cada una de ellas, las que a continuación serán
presentadas, considerando que sin lugar a dudas son complementarias.
Por un lado está toda la propuesta tecnológica del diseño de estrategias
instruccionales y tecnología del texto, centradas en promover el aprendizaje
significativo de los alumnos. Por otro lado está la aproximación de los
programas de entrenamiento e inducción de estrategias de aprendizaje y de
enseñar a pensar.
Las estrategias instruccionales son aquellas que elabora y utiliza el
profesor para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Existen varios tipos
de estas estrategias, cuyas funciones consisten en activar o desarrollar
conocimiento previo, ayudar a lograr un procesamiento más profundo de la
información y por ende un aprendizaje significativo (en su modalidad de
aprendizaje por recepción). Entre las más representativas y valiosas tenemos:
1.- los preinterrogantes y preguntas intercaladas: son preguntas sobre
aspectos relevantes del texto o de la lección, que activan esquemas y orientan
la atención de los alumnos.
2.- los organizadores anticipados: son puentes cognitivos de carácter
inclusivo, que salvan la distancia y proporcionan contexto elaborativo, entre
el material nuevo a aprender y los conocimientos previos de los alumnos.
3.- los mapas conceptuales y redes semánticas: son representaciones
gráficas de porciones de conocimiento los cuales pueden ser un curso, una
lección, un curso o el progreso cognitivo de los alumnos.
4.- Los resúmenes: contienen información principal de una lección un
texto en forma sintética y organizada.
5.- las analogías: su utilidad se deriva de plantear situaciones
familiares y concretas, que se relacionen con lo nuevo a aprender (el cual
generalmente tiene un mayor nivel de abstracción).
Dichas estrategias deben ser utilizadas por los docentes, las cuales
junto con la tecnología del texto recientemente desarrollada, pueden contribuir
eficazmente en el aprendizaje significativo de los alumnos.
Los textos que actualmente se conocen con cierto grado de detalle, en
sus aspectos estructurales son los narrativos (historias, cuentos, mitos,
fábulas, etc.) y los expositivos (colección, descripción,
comparación-contraste, causalidad, problema-solución) (v. Cooper, 1990). Los
textos narrativos pueden ser ampliamente utilizados en la enseñanza elemental,
mientras que los textos explosivos, pueden ser introducidos prácticamente en
casi todos los niveles educativos. El conocer la estructura de este tipo de
textos, permite al profesor varias cosas:
1.- proporcionar un conocimiento adecuadamente estructurado lo cual
redunda en un recuerdo más efectivo del pretendido, 2) enseñar a los alumnos la
estructura de este tipo de textos, como un tipo de conocimiento esquemático del
cual pueden partir para aprender y comprender nuevos textos con similares
estructuras, 3) derivar a partir de la estructura, los elementos principales
para anteponer claves o pistas que orienten a los alumnos a comprender el
material adecuadamente, así como para elaborar resúmenes (el maestro) o enseñar
a elaborarlos (los alumnos).
Los programas de entrenamiento de estrategias de aprendizaje pretenden,
como ya hemos dicho, enseñar o inducir dichas cognitivas para enseñar a los
alumnos a aprender más eficientemente. Podemos distinguir dentro de las estrategias
cognitivas, dos tipos: las estrategias de apoyo (las cuales no
intervienen directamente en el proceso de aprendizaje o de solución de
problemas, pero si crean un contexto emocional o motivacional apropiado para
hacerlo) y las primarias (las intervienen directamente en el proceso de
aprendizaje o de solución de problemas, pero si crean un contexto emocional o
motivacional apropiado para hacerlo) y las primarias (las cuales intervienen
directamente en el proceso de aprendizaje o solución de problemas). Vamos a
mencionar algunas de estas últimas:
1.- Elaboración verbal o imaginal: consisten en formar contexto
representacional que interpelaciones con el nuevo material a aprender, para que
sea más resistente al olvido.
2.- Categorización: consiste en la organización de la información
a ser aprendida en categorías clave (la información nueva debe prestarse para
ello).
3.- Detección de ideas claves o focalización: consiste en
identificar los aspectos importantes de un discurso (p. ej. subrayar) y actuar
sobre ellos para mejorar el recuerdo.
4.- Elaboración de medios gráficos: dentro de los cuales destaca
la elaboración de las redes o mapas conceptuales para identificar los conceptos
esenciales y sus relaciones, de un texto o lección.
5.- Resúmenes: consiste en identificar la información relevante,
quitar lo irrelevante y redundante y en la integración y construcción de un
producto sintético de un texto o lección.
En cuanto a las estrategias metacognitivas y autorregulatorias, estas
son habilidades generales a múltiples contextos de aprendizaje. Dentro de ellas
tenemos:
1.- Comprensión de la meta del aprendizaje o de la solución del
problema.
2.- Planeación para el logro de la meta.
3.- Monitoreo del proceso para el logro de la meta.
4.- Evaluación sobre los logros conseguidos de acuerdo con la meta
identificada.
Existen varios programas propuestos para el entrenamiento de estrategias
(las cuales involucran varias de las que hemos mencionado y otras v. Dansercau,
1985 y Weinstein y Underwood, 1985). Los programas de entrenamiento son cursos
de varias sesiones, pero cada vez más se reconoce la posibilidad de tratarlos
como una asignatura independiente o como una actividad comprendida dentro de
cada asignatura independiente o como una actividad comprendida dentro de cada
asignatura en los curriculos básica, media y superior.
Para los programas de entrenamiento se recomiendan las siguientes
actividades:
1.- Sensibilización del uso de actividades estratégicas.
2.- Enseñanza directa de las estrategias, con base en un entrenamiento
" informado" (qué son las estrategias, cómo y dónde utilizarlas).
3.- ejercitación y práctica de las estrategias con materiales concretos
(no artificiales).
4.- Evaluaciones periódicas con retroalimentación constante.
El tetraedro del
aprendizaje (v. figura 5.2), puede ser un instrumento muy valioso para diseñar
adecuadamente experiencias y conducir el entrenamiento en los programas. La
idea básica es tratar de lograr aprendices novatos en aprendices expertos en
conductas estratégicas para aprender eficientemente.
Concepto de evaluación.
Respecto a la evaluación, si se han diseñado los objetivos con base en
la taxonomía cognoscitiva de Bloom, se desee ser congruente y elaborar
reactivas o pruebas en estrecha correspondencia con ellos. Algunas recomendaciones
en este sentido son:
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