Psicoanálisis
(Tomado de “Las corrientes de la psicología
contemporánea. Revisión crítica desde sus orígenes hasta la actualidad”.
Orlando Valera).
La escuela psicoanalítica fue
la ruptura histórica más espectacular con la forma en que se venía realizando
la psicología científica. Así es como
por primera vez se elabora una teoría estrictamente psicológica y se abandonan
los modelos experimentalistas clásicos.
Ningún sistema, escuela o
descubrimiento ha revolucionado tan radicalmente la Psicología como el
psicoanálisis freudiano, ni ha tenido tanta repercusión en la cultura, vida
social y población en general. Tampoco
ninguno ha sido tan polémico, ni ha tenido tantos detractores, particularmente
del resto de los psicólogos, en especial los conductistas y experimentalistas
que lo acusaban de falta de cientificidad, de no ofrecer pruebas empíricas
concluyentes de sus teorías y de haber construido una teoría especulativa en
términos vagos, imprecisos y en
ocasiones fantasiosos.
ocasiones fantasiosos.
Sigmund Freud (1856‑1939) fue
una personalidad aplastante y cerrada a la crítica exterior, aunque
extraordinariamente laborioso, paradójicamente autocrítico y con una amplísima
cultura que le permitió sistematizar la realización más importante y extensa de
la historia de la joven ciencia psicológica.
Con estas cualidades de su creador, el psicoanálisis se impuso a sus
críticos y alcanzó el auge científico y popularidad jamás conocido por otra
escuela o realización científica, al extremo que hay autores que hablan de la
revolución psicoanalítica y la comparan con lo que significó para la ciencia el
darswinismo o la mecánica newtoniana.
La imposición en la práctica
del psicoanálisis como teoría científica se debió además a que estaba basado en
una síntesis de elementos objetivos. En
primer término, aunque parezca contradictorio recibió una significativa
influencia del empirismo de las ciencias naturales, en particular del
darwinismo, la escuela fisiológica alemana, y del inglés John Stuart Mill. Decimos aunque parezca contradictorio porque
una de las críticas infundadas al freudismo es la falta de un enfoque
rigurosamente empírico, lo cual es comprensible si se parte del concepto
estrictamente positivista o empirista de "empiria"; pero no así de
la ampliación cultural y metodológica que toma con Freud al utilizar una
exquisita observación, disección y experimentación de los fenómenos que estudia
intensivamente en cada caso por el método clínico psicoanalítico. También contempló los grandes problemas
filosóficos y socio‑culturales de su época, aproximándose a la filosofía
idealista especulativa alemana con todo su arsenal de valores desde la
dialéctica hegeliana y las concepciones del hombre y su alienación de Fichte y
de la filosofía de la naturaleza y trascendental de Shelling. Lo que unido a su cultura literaria y
tradición religiosa judía de su familia que le llevó al conocimiento de las
religiones orientales, le permitió hacer una interpretación de la vida psíquica
del hombre en una nueva e insospechada dimensión.
Finalmente su formación en la
escuela francesa de la psicología clínica, primero con Charcot en Salpetriere
y luego con Bernheim en Nancy, dieron en su condición de médico neurólogo el
toque distintivo a su formación en psicopatología y psicoterapia, y que le permite
transitar hacia sus métodos de asociación libre, a la génesis sexual de la
neurosis, los mecanismos de defensa psíquico, la transferencia, la resistencia
y la cura de los síntomas inconscientes como producto de los traumas de la
infancia por la concientización de los mismos.
Sería imposible en apretada
síntesis presentar las realizaciones de Freud en lo que respecta, por ejemplo,
a su teoría del inconsciente, de la personalidad, de la interpretación de los
sueños, etc., pero sí es necesario destacar que fue el primero en señalar la
importancia de los primeros años de vida del niño para el posterior desarrollo
de su personalidad, sentando las bases psicológicas para una educación centrada
en el niño, ideal pedagógico fundamental de la contemporaneidad.
Por otra parte, no se puede
comprender, atender o corregir los defectos psíquicos o las desviaciones de la
personalidad humana obviando el rico arsenal metodológico del psicoanálisis.
En la actualidad el
psicoanálisis ortodoxo ha derivado hacia el neopsicoanálisis, producido en
ocasiones por muchos de los más eminentes discípulos de Freud; algunos de los
cuales han centrado su atención en los problemas del presente o de la educación
humana.
Las contradicciones de Freud
con algunos de sus discípulos fueron el primer indicio histórico para el
surgimiento del neopsicoanálisis, aunque se reconozca el inicio de esta
tendencia en Karin Horney con la publicación de su obra "The New‑Analysis"
en 1939, coincidentemente con el año en que muere Freud.
Con posterioridad se desarrolla un fuerte
movimiento neopsicoanalítico que llega hasta nuestros días en múltiples escuelas
y teorías que realizan sus propias elaboraciones a partir de nociones
freudianas acerca de la psiquis tales como el inconsciente, los instintos, la
sexualidad, la experiencia individual y las vivencias traumáticas (en
particular en los primeros años de la infancia), la dinámica de la
personalidad, lo normal y lo patológico, el método psicoanalítico, etc.
Aunque por su variabilidad de
enfoques y concepciones y su intensa evolución histórica durante más de medio
siglo resulta difícil establecer generalizaciones acerca de los rasgos característicos
del neopsicoanálisis, de manera resumida se puede distinguir:
Su
contemplación de los procesos sociales y culturales, incluyendo a la educación como elementos formadores
de la personalidad y/o desencadenantes de los conflictos intrapersonales y/o
interpersonales.
Profundización
en los problemas de la existencia humana (cómo debe vivir el hombre y qué debe
hacer), transitándose de esta manera, de lo estrictamente psicológico en su
manifestación clínica a lo filosófico en sus aspectos axiológicos, éticos, etc.
Actitud
crítica ante la sociedad moderna que deshumaniza al hombre y enajena su
personalidad, produciendo a un sujeto reprimido, patológico, lleno de
conflictos y traumas. Es por tanto,
función del neopsicoanálisis reformarlo para en muchos casos considerar a su
vez esta vía como la idónea para modificar a esta sociedad misma, enfermiza y
pervertida.
Búsqueda de
determinados valores vitales que deben ser objeto de atención psicológica como vía de armonización
de los intereses personales con los de la sociedad.
Apología de
la individualidad y de la acción volitiva del hombre en la superación de sus conflictos
y traumas, y para el desarrollo de su personalidad; de ahí que en su cuerpo
categorial predominen términos tales como el autodesarrollo, autodeterminación,
autorrealización, autorreflexión, personalidad madura, personalidad
desarrollada, etc.
Un rasgo significativo del
neopsicoanálisis de las últimas décadas es su fusión con las nuevas búsquedas
del humanismo contemporáneo, dando como resultado la denominada psicología
humanista y con el propio marxismo donde se originan algunas manifestaciones
del freudomarxismo, todo lo cual será analizado más adelante.
Entre el largo listado de
psicólogos neopsicoanalistas podemos situar en primer término a A. Adler (1870‑1937)
y a C. G. Jung (1875‑1961), eminentes discípulos de Freud que disintieron de
éste en algunos aspectos de su teoría, en particular en el tratamiento del
problema de los instintos y el pansexualismo.
H. Sullivan y O. Rank también realizan sus propias elaboraciones al
igual que Erich Fromm quien se compromete con algunas elaboraciones de la
concepción social del hombre del marxismo, dando paso a los inicios de una
nueva tendencia, el freudomarxismo.
Margaret Mead, Rut Benedict y R. Linton pueden considerarse los representantes
de la etnopsicología o psicología cultural, otra línea del neopsicoanálisis,
pero de bases antropológicas que le alejan de sus formas habituales por lo que
hay autores que le clasifican como una corriente particular de la psicología.
Entre las reelaboraciones del
psicoanálisis más seguidas en la actualidad se encuentra la de Jacques Lacan (
1901-1981) quien fundamenta su teoría en la lingüística estructuralista al
afirmar que el inconsciente está construido como un lenguaje. Con Lacan se
tiende un nuevo puente entre psicoanálisis y lingüística que revoluciona la teoría y práctica psicológica, en especial la
psicoterapia; razón por la que algunos teóricos lo consideran como el
psicoanalista más importante después de Freud.
Mención especial también
requiere Wilhelm Reich (1897-1957) por producir la elaboración más exótica del
psicoanálisis de la contemporaneidad, que ha movilizado a muchos seguidores en
la actualidad, después de un período de rechazo y contraposiciones estando aún
en vida y de olvido posterior. Entre sus aportes a una nueva visión
psicoanalítica de la psiquis se encuentran: su interpretación de la neurosis
como derivada de una reactivación de la libido en su teoría de la energía vital
del infantil y de Malanie Klein (1882-1960) quien subrayó la importancia del
juego para el conocimiento del inconsciente infantil y el papel determinante de
la madre en los derroteros del psiquismo de los menores. Estas autoras, junto a
Hans Zulliger (1893-1965) y Oskar Pfister (1873-1956) y Agust Aichhorn
(1878-1949), podemos considerarlos como los fundadores de una psicología
pedagógica psicoanalítica. Especialmente a Aichhorn se le ha considerado por
Werner F. Bonin como el creador de la “pedagogía psicoanalítica” de corte
antiautoritorio, así también expresó el criterio de que la agresividad de la
juventud desamparada y en último término la criminalidad son consecuencias de
una educación errada. Bonin enfatiza que las principales reivendicaciones psicopedagógicas de Aichhorn son el
autoanálisis de los educadores, la renuncia al castigo y al ejercicio del poder
en contra del niño, así como la orientación de todos los niños y jóvenes
procedentes de un medio social deteriorado hacia una nueva “capacidad de relacionarse”.
Gerardo
Hernández
Jesús
Carlos Guzmán
INSTITUTO DE COMUNICACIÓN EDUCATIVA, México.
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