miércoles, 18 de junio de 2014

PARADIGMAS EN PSICOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN

Psicoanálisis
(Tomado de  “Las corrientes de la psicología contemporánea. Revisión crítica desde sus orígenes hasta la actualidad”. Orlando Valera).
La escuela psicoanalítica fue la ruptura histórica más espectacular con la forma en que se venía realizando la psicolo­gía científica.  Así es como por primera vez se elabora una teoría estrictamente psicológica y se abandonan los modelos experimentalistas clásicos.
Ningún sistema, escuela o descubrimiento ha revolucionado tan radicalmente la Psicología como el psicoanálisis freudiano, ni ha tenido tanta repercusión en la cultura, vida social y población en general.  Tampoco ninguno ha sido tan polémico, ni ha tenido tantos detractores, particularmente del resto de los psicólogos, en especial los conductistas y experimentalistas que lo acusaban de falta de cientificidad, de no ofrecer pruebas empíricas concluyentes de sus teorías y de haber construido una teoría especulativa en términos vagos, imprecisos y en
ocasiones fantasiosos.
Sigmund Freud (1856‑1939) fue una personalidad aplastante y cerrada a la crítica exterior, aunque extraordinariamente labo­rioso, paradójicamente autocrítico y con una amplísima cultura que le permitió sistematizar la realización más importante y extensa de la historia de la joven ciencia psicológica.  Con estas cualidades de su creador, el psicoanálisis se impuso a sus críticos y alcanzó el auge científico y popularidad jamás conocido por otra escuela o realización científica, al extremo que hay autores que hablan de la revolución psicoanalítica y la comparan con lo que significó para la ciencia el darswinismo o la mecánica newtoniana.
La imposición en la práctica del psicoanálisis como teoría científica se debió además a que estaba basado en una síntesis de elementos objetivos.  En primer término, aunque parezca contra­dictorio recibió una significativa influencia del empirismo de las ciencias naturales, en particular del darwinismo, la escuela fisiológica alemana, y del inglés John Stuart Mill.  Decimos aunque parezca contradictorio porque una de las críticas infunda­das al freudismo es la falta de un enfoque rigurosamente empíri­co, lo cual es comprensible si se parte del concepto estrictame­nte positivista o empirista de "empiria"; pero no así de la ampliación cultural y metodológica que toma con Freud al utilizar una exquisita observación, disección y experimentación de los fenómenos que estudia intensivamente en cada caso por el método clínico psicoanalítico.  También contempló los grandes problemas filosóficos y socio‑culturales de su época, aproximándose a la filosofía idealista especulativa alemana con todo su arsenal de valores desde la dialéctica hegeliana y las concepciones del hombre y su alienación de Fichte y de la filosofía de la natura­leza y trascendental de Shelling.  Lo que unido a su cultura literaria y tradición religiosa judía de su familia que le llevó al conocimiento de las religiones orientales, le permitió hacer una interpretación de la vida psíquica del hombre en una nueva e insospechada dimensión.
Finalmente su formación en la escuela francesa de la psico­logía clínica, primero con Charcot en Salpetriere y luego con Bernheim en Nancy, dieron en su condición de médico neurólogo el toque distintivo a su formación en psicopatología y psicoterapia, y que le permite transitar hacia sus métodos de asociación libre, a la génesis sexual de la neurosis, los mecanismos de defensa psíquico, la transferencia, la resistencia y la cura de los síntomas inconscientes como producto de los traumas de la infan­cia por la concientización de los mismos.
Sería imposible en apretada síntesis presentar las realiza­ciones de Freud en lo que respecta, por ejemplo, a su teoría del inconsciente, de la personalidad, de la interpretación de los sueños, etc., pero sí es necesario destacar que fue el primero en señalar la importancia de los primeros años de vida del niño para el posterior desarrollo de su personalidad, sentando las bases psicológicas para una educación centrada en el niño, ideal pe­dagógico fundamental de la contemporaneidad.

Por otra parte, no se puede comprender, atender o corregir los defectos psíquicos o las desviaciones de la personalidad humana obviando el rico arsenal metodológico del psicoanálisis.
En la actualidad el psicoanálisis ortodoxo ha derivado hacia el neopsicoanálisis, producido en ocasiones por muchos de los más eminentes discípulos de Freud; algunos de los cuales han centrado su atención en los problemas del presente o de la educación humana.
Las contradicciones de Freud con algunos de sus discípulos fueron el primer indicio histórico para el surgimiento del neo­psicoanálisis, aunque se reconozca el inicio de esta tendencia en Karin Horney con la publicación de su obra "The New‑Analysis" en 1939, coincidentemente con el año en que muere Freud.
Con  posterioridad se desarrolla un fuerte movimiento neo­psicoanalítico que llega hasta nuestros días en múltiples escue­las y teorías que realizan sus propias elaboraciones a partir de nociones freudianas acerca de la psiquis tales como el incons­ciente, los instintos, la sexualidad, la experiencia individual y las vivencias traumáticas (en particular en los primeros años de la infancia), la dinámica de la personalidad, lo normal y lo patológico, el método psicoanalítico, etc.
Aunque por su variabilidad de enfoques y concepciones y su intensa evolución histórica durante más de medio siglo resulta difícil establecer generalizaciones acerca de los rasgos carac­terísticos del neopsicoanálisis, de manera resumida se puede distinguir:

Su contemplación de los procesos sociales y culturales, incluyendo a la educación como elementos formadores de la perso­nalidad y/o desencadenantes de los conflictos intrapersonales y/o interpersonales.
  Profundización en los problemas de la existencia humana (cómo debe vivir el hombre y qué debe hacer), transitándose de esta manera, de lo estrictamente psicológico en su manifestación clínica a lo filosófico en sus aspectos axiológicos, éticos, etc.
  Actitud crítica ante la sociedad moderna que deshumaniza al hombre y enajena su personalidad, produciendo a un sujeto reprimido, patológico, lleno de conflictos y traumas.  Es por tanto, función del neopsicoanálisis reformarlo para en muchos casos considerar a su vez esta vía como la idónea para modificar a esta sociedad misma, enfermiza y pervertida.
  Búsqueda de determinados valores vitales que deben ser objeto de atención psicológica como vía de armonización de los intereses personales con los de la sociedad.
  Apología de la individualidad y de la acción volitiva del hombre en la superación de sus conflictos y traumas, y para el desarrollo de su personalidad; de ahí que en su cuerpo categorial predominen términos tales como el autodesarrollo, autodetermina­ción, autorrealización, autorreflexión, personalidad madura, personalidad desarrollada, etc.

Un rasgo significativo del neopsicoanálisis de las últimas décadas es su fusión con las nuevas búsquedas del humanismo contemporáneo, dando como resultado la denominada psicología humanista y con el propio marxismo donde se originan algunas manifestaciones del freudomarxismo, todo lo cual será analizado más adelante.
Entre el largo listado de psicólogos neopsicoanalistas podemos situar en primer término a A. Adler (1870‑1937) y a C. G. Jung (1875‑1961), eminentes discípulos de Freud que disintieron de éste en algunos aspectos de su teoría, en particular en el tratamiento del problema de los instintos y el pansexualismo.  H. Sullivan y O. Rank también realizan sus propias elaboraciones al igual que Erich Fromm quien se compromete con algunas elaboracio­nes de la concepción social del hombre del marxismo, dando paso a los inicios de una nueva tendencia, el freudomarxismo.  Margaret Mead, Rut Benedict y R. Linton pueden considerarse los represen­tantes de la etnopsicología o psicología cultural, otra línea del neopsicoanálisis, pero de bases antropológicas que le alejan de sus formas habituales por lo que hay autores que le clasifican como una corriente particular de la psicología.
Entre las reelaboraciones del psicoanálisis más seguidas en la actualidad se encuentra la de Jacques Lacan ( 1901-1981) quien fundamenta su teoría en la lingüística estructuralista al afirmar que el inconsciente está construido como un lenguaje. Con Lacan se tiende un nuevo puente entre psicoanálisis y lingüística que revoluciona la teoría  y práctica psicológica, en especial la psicoterapia; razón por la que algunos teóricos lo consideran como el psicoanalista más importante después de Freud.
Mención especial también requiere Wilhelm Reich (1897-1957) por producir la elaboración más exótica del psicoanálisis de la contemporaneidad, que ha movilizado a muchos seguidores en la actualidad, después de un período de rechazo y contraposiciones estando aún en vida y de olvido posterior. Entre sus aportes a una nueva visión psicoanalítica de la psiquis se encuentran: su interpretación de la neurosis como derivada de una reactivación de la libido en su teoría de la energía vital del infantil y de Malanie Klein (1882-1960) quien subrayó la importancia del juego para el conocimiento del inconsciente infantil y el papel determinante de la madre en los derroteros del psiquismo de los menores. Estas autoras, junto a Hans Zulliger (1893-1965) y Oskar Pfister (1873-1956) y Agust Aichhorn (1878-1949), podemos considerarlos como los fundadores de una psicología pedagógica psicoanalítica. Especialmente a Aichhorn se le ha considerado por Werner F. Bonin como el creador de la “pedagogía psicoanalítica” de corte antiautoritorio, así también expresó el criterio de que la agresividad de la juventud desamparada y en último término la criminalidad son consecuencias de una educación errada. Bonin enfatiza que las principales reivendicaciones  psicopedagógicas de Aichhorn son el autoanálisis de los educadores, la renuncia al castigo y al ejercicio del poder en contra del niño, así como la orientación de todos los niños y jóvenes procedentes de un medio social deteriorado hacia una nueva “capacidad de relacionarse”.         

 Gerardo Hernández
Jesús Carlos Guzmán
INSTITUTO DE COMUNICACIÓN EDUCATIVA, México.

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