INTRODUCCIÓN
El paradigma
humanista, es un complejo mosaico de facciones, dadas las diferencias
existentes entre los diversos autores adictos a él.
Si bien, como revisamos en los capítulos
anteriores, los conductistas se han interesado por las conductas observables y
los cognitivos por los procesos cognitivos inobservables, las proyecciones del
paradigma psicoeducativo, han venido a llenar un hueco, que los otros no han
atendido con el debido rigor que se merece, a saber: el dominio socio-afectivo
y las relaciones interpersonales.
Las aplicaciones del paradigma humanista, como
en el caso conductista, sin duda se encuentran reguladas por la hipótesis de
extrapolación-traducción, dado que los constructos y los esquemas teóricos
elaborados por los adictos al paradigma (a partir de la experiencia clínica y
la reflexión han sido aplicados al ámbito educativo, haciendo sólo ajustes
inmediatos de acuerdo a dicho contexto de aplicación. La investigación
psicoeducativa realizada bajo la perspectiva de éste enfoque, en general está
orientada a la refinación y validación de prácticas derivadas del paradigma,
pero escasamente a la generación de conocimientos innovadores como en el caso
del paradigma cognitivo.
No obstante,
el paradigma es de una importancia histórica enorme, en tanto que ha señalado
las carencias de las prácticas educativas y de los campos de aplicación de los
otros paradigmas, por lo que éstos (vgr. el caso conductista y el cognitivo),
se han visto precisados a reconsiderar críticamente algunas de sus posturas,
ampliando sus horizontes de aplicación.
Antecedentes.
Aunque se
dice que el humanismo tiene antecedentes remotos en los escritos de algunos
filósofos como Aristóteles, filósofos del renacimiento, Leibnitz, Kierkegaard,
Sartre, etc., como paradigma de la disciplina psicológica, nace poco después de
mediados del presente siglo (aunque con un período de gestación de más de diez
años v. Hamachek, 1987; Villegas, 1986).
En la década se los cincuenta en Norteamérica,
como sabemos predominaban dos escuelas u orientaciones en la Psicología: el
enfoque conductista y la corriente psicoanalítica. La primera de ella
interesada en el estudio de los determinantes ambientales de la conducta y la
segunda con una propuesta idealista basada en la noción del inconsciente y los
instintos biológico. Dentro de este contexto, la psicología humanista nace como
la "tercera fuerza" alternativa a las otras dos. Según algunos de los
pioneros de ese movimiento, se pretendía desarrollar una nueva orientación en
psicología que fuera anti-reduccionista en las explicaciones de los procesos
psicológicos atribuidos sea a factores externos (conductismo) o a conceptos
biologicistas innatos (freudismo), sino por el contrario, que se centrara en el
estudio de los seres humanos como totalidades dinámicas y autoactualizantes en
relación con un contexto interpersonal.
Otros
factores que sin duda influyó" notablemente en el surgimiento de este
paradigma, fueron los de orden histórico y sociocultural que regían por dichos
años en Norteamérica en particular, El Zeitgeist (clima cultural de la época)
en que se encontraba el país después de dos guerras mundiales, era la apertura
hacia nuevas formas de actitudes y pensamientos que rompieran con la represión
militar y sexual, con una moral superficial y con la deshumanización propia de
la sociedad industrial. De modo que una postura alternativa en psicología como
la humanista, centrada en el estudio psicológico del y para el hombre, tenía un
marco propicio para su desarrollo.
El
movimiento creció" aceleradamente desde finales de los años cincuenta y
toda la década de los sesenta, influyendo no sólo en el ámbito académico de la
disciplina sino en otras esferas del saber humano (vgr. el Movimiento del Potencial
Humano. Villegas, 1986). Algunos de los principales promotores y divulgadores
de la corriente por esos años, fueron A. Maslow (a quien se considera como el
padre del movimiento), G. Allport, G. Moustakas, G. Murphy y C. Rogers. Se dice
que estos fundadores y continuadores de la corriente humanista, se vieron
fuertemente influidos por la filosofía existencialista y la corriente de la
fenomenología, aunque algunos autores (Villegas, 1986), señalan que la
influencia de estas filosofías es más bien relativa solo en algunos autores de
movimiento.
La
psicología humanista representa una matriz disciplinar, no monolítica, con
diferentes tendencias dentro de la misma. No obstante, se considera que tiene
una identidad propia debido a ciertos principios filosóficos y teóricos comunes
por los promotores del movimiento. Sin duda el campo de estudio principal de la
psicología humanista, se mueve dentro del ámbito de la psicología clínica (en
el estudio de los problemas y patologías psicológicas y particularmente en la
propuesta de modelos teóricos-terapéuticos), pero también se han desarrollado
aplicaciones en otras áreas como son la psicología del trabajo y de la
educación.
Problemática.
El espacio
de problemas básico en torno al cual giran la gran mayoría de los trabajos y
teorización humanista, es el que se refiere a los procesos integrales de la
persona. La personalidad humana, se concibe como una organización que esta en
proceso continuo de desarrollo. En este sentido, como hemos dicho, cualquier
tendencia reduccionista es inmediatamente negada para los propulsores de la
corriente. Igualmente hay que considerar, que la persona para ser explicada y
comprendida adecuadamente debe ser estudiada en su contexto interpersonal y
social. No obstante, las explicaciones ponen al sujeto a la persona como fuente
del desarrollo personal integral.
Fundamentos
Epistemológicos.
Es difícil
hacer una caracterización epistemológica de una corriente tan difusa, como la
que estamos tratando; empero, intentaremos exponer algunos de supuestos
epistemológicos del enfoque, que a nosotros nos parecen substanciales, pero que
sin duda pueden no ser compartidos por otros.
En primer
lugar, debemos señalar que la corriente se inserta dentro de las corrientes
filosóficas, que se han preocupado por entender la naturaleza y la existencia
humana, tales como el existencialismo y la fenomenología. De estas
aproximaciones, algunos autores del paradigma han retomado algunas de sus
concepciones y las han asimilado al movimiento.
Del
existencialismo se han incorporado, la idea de que el ser humano crea su
persona por las propias elecciones o decisiones que va tomando (como lo diría
el propio J. P. Sartre "yo soy mis elecciones"). El hombre es
entendido como un ser en libertad (en tanto que existe), independientemente de
las condiciones en las que vive. Según Morris (1966), para decirlo brevemente,
los pilares de la posición existencialista pueden resumirse en:
1) Yo soy un
agente electivo, incapaz de evitar elegir mi destino.
2) Soy un
agente libre, absolutamente libre para establecer mis metas de vida.
3) Soy un
agente responsable de mis propias elecciones.
La
fenomenología es la corriente filosófica que se centra en el estudio de la
percepción externa o interna como acontecimiento subjetivo, sin ningún tipo de
apriori. Los seres humanos se conducen a través de sus propias percepciones
subjetivas y en esencia, desde el punto de vista fenomenológico, la gente
responde no a un ambiente objetivo, sino al ambiente tal y como ellos lo
perciben y lo comprenden. En este sentido, también desde la perspectiva
fenomenológica, para estudiar al otro en sus procesos psicológicos, es
necesario comprender la problemática desde su punto de vista (tal como la
percibe) y no desde otro externo (el del examinador que lo pretende estudiar).
A partir de
la concepciones filosóficas de éstos dos grandes sistemas y de las propias
teorizaciones y análisis de los psicólogos humanistas, éstos últimos han
desarrollado un marco teórico o integrativo que esquematizaremos en forma
resumida a continuación.
Supuestos
teóricos.
De acuerdo
con Bugental (1965) y Villegas (1986), podemos distinguir algunos postulados
fundamentales, comunes a la gran mayoría de los psicólogos humanistas:
1) El ser
humano es una totalidad que excede a la suma de sus partes. El énfasis holista
de la psicología humanista, lo distingue claramente de otras posturas atomistas
o reduccionistas como el conductismo. Para explicar y comprender al ser humano,
debemos estudiar a éste en su totalidad y no fragmentarlo en una serie de
procesos psicológicos.
2) El hombre
tiende en forma natural hacia su autorrealización. Existe una tendencia
autoactualizante o formativa en el hombre (vgr. Goldstein Y Rogers), que a
pesar de condiciones poco favorables de vida, le conduce incesantemente a
autodeterminarse, autorrealizarse y trascender.
3) El hombre
es un ser en contexto humano. El ser humano vive en relación con otras gentes y
esto constituye una características inherente de su naturaleza.
4) El hombre
es consciente de sí mismo y de su existencia. Las personas se conducen en el
presente, de acuerdo con lo que fueron en el pasado y preparados para vivir un
futuro.
5) El hombre
decide. El ser humano tiene libertad y conciencia propia para tomar sus propias
elecciones y decisiones, por tanto es un ente activo y constructor de su propia
vida.
6) El hombre
es intencional. Los actos volitivos o intencionales de la persona se reflejan
en sus propias decisiones o elecciones. El hombre a través de sus intenciones,
propósitos y actos volitivos estructura una identidad personal que lo distingue
de los otros.
Prescripciones metodológicas.
Son muy
reconocidas las críticas de los psicólogos humanistas a las metodologías y
concepciones de la ciencia de los otros paradigmas en psicología (concretamente
la metodología conductista, con su estrechez metodológica basada en la
experimentación y el control a ultranza). La mayor parte de las energías de los
humanistas, la han encauzado a señalar las limitaciones de esta metodología
positivista y reduccionista y bien poco han escrito sobre una posible
alternativa metodológica. De hecho, dado que la aproximación humanista es un
mosaico de tendencias, no existe una metodología única y válida para todos los
adeptos y esto quizá constituya una de sus principales carencias, que pueda
tener un significado decisivo en la vida del paradigma (Villegas, 1986). No
obstante, podemos encontrar algunas concepciones metodológicas, dentro de los
escritos de los humanistas, que podrán darnos una idea más o menos clara de
hacia donde podría irse configurando una alternativa metodológica congruente
con la postura epistemológica-teórica que ellos sustentan, a saber:
1) El
enfoque holista en el estudio de los procesos psicológicos. (Maslow, 1970,
cita. por Villegas, 1986) señala que el método holístico debe ser utilizado por
los humanistas, dado que es mucho más adecuado que el analítico-reduccionista,
para el estudio de los procesos psicológicos humanos en su totalidad
(personalidad).
Tal afirmación
por el método holístico, est basada en las concepciones de causalidad múltiple
(concepción que descarta la posibilidad de relaciones de causalidad
unidimensionales y unidireccionales vgr. reacciones estímulo-respuesta) propio
de las ciencias naturales modernas como la física y la biología. Esta
concepción interaccionista de A. Maslow, para el estudio de la personalidad
humana, ha tenido poco eco en la generación de investigaciones genuinas.
2) En
oposición a las metodologías objetivas y cuantitativas, algunos humanistas han
propuesto alternativas basadas en la interpretación subjetiva, para la práctica
y la investigación clínica tales como: la comprensión empática (Rogers), el
enfoque dialógico, (Buber, Martínez y Stanton), la conciencia del aquí! y ahora
gestáltico (Perls) o la heurística (Douglas y Moustakas) (v. Villegas, 1988).
Proyecciones
de aplicación al campo educativo.
Las
aplicaciones de la psicología humanista a la educación, nacieron
concomitantemente con el clima de protesta sobre los curriculum existentes en
el sistema educativo norteamericano, los cuales no tomaban en cuenta las
características de los estudiantes como personas y eran escritos y aplicados en
un tono deshumanizado. Durante los sesenta aparecieron una serie de trabajos críticos
sobre la escuela de diversas tendencias (Vgr. el movimiento del humanismo
radical de Holt, Goodman, etc. v. Fuentes, 1985), donde se subraya que las
carencias y fallas de esta institución no permitían el desarrollo total de la
personalidad de los alumnos, sino por el contrario los hacían fracasar no sólo
en los aspectos académico, sino también en su vida social posterior (Hamachek,
1987). Este clima de descontento, junto con la aparición del paradigma ya para
esas fechas y el Zeitgeist de la época fué contexto propicio para que
comenzaran a advertirse las primeras aplicaciones de la psicología humanista al
campo de la educación.
Como hemos
dicho, la psicología humanista es fundamentalmente clínica y aún en las
aplicaciones a la educación, se dejan ver ciertas reminiscencias de tipo
clínico (podíamos decir que hay un continuo entre el ámbito clínico, donde los
aspectos terapéuticos, consisten de alguna manera en una cierta reducción y
aprendizaje, y el ámbito educativo).
Esto lo
podemos percibir claramente en algunas clasificaciones de las aplicaciones,
como la de Miller (1976, cita. por Sebastián, 1986) quien a propuesto cuatro
tipos de modelos de la educación humanista:
1. Los
modelos de desarrollo que enfatizan el cambio en el desarrollo de los
estudiantes (vgr. el desarrollo egóico de Erickson o el desarrollo moral de
Kohlberg).
2. Modelos
de autoconcepto, los cuales están centrados en el desarrollo de la identidad
genuina (vgr. clarificación de valores, modelo de Shaftels).
3. Modelos
de sensitividad y orientación grupal que se interesan en desarrollar
habilidades de apertura y sensibilidad hacia los demás (vgr. modelo
comunicativo de Carkhuff).
4. Modelos
de la expansión de la conciencia, orientados en desarrollar el lado intuitivo
de la conciencia.
Nuestro
interés en la exposición del paradigma, se centrará en los dos primeros tipos
de modelos excluyendo los dos últimos proporcionándole opciones válidas de
autoconocimiento, crecimiento y autodecisión personal (Maslow, 1988; Sebastián,
1986).
Para Rogers
(1978) la educación debiera fomentar el aprendizaje significativo, vivencial
que involucra a la persona total del alumno. En ese sentido, la educación debe
recaer un clima de libertad total para que el alumno, autoinicie ese aprendizaje.
Finalmente,
hay que señalar que los humanistas ponen mucho énfasis en promover una
educación basada en el desarrollo de una conciencia ética, altruista y social
(Carlos, Hernández y García, 1991).
Metas y objetivos de la educación.
Según
Hamachek (1987) las metas mayores de la educación son:
1)
"Ayudar a desarrollar la individualidad de las personas,
2) Apoyar a
los alumnos a que se reconozcan como seres humanos únicos,
3) Asistir a
los estudiantes a desarrollar sus potencialidades (p.171).
Según
Patterson (1973, citado por Good y Brophy, 1983)), otro objetivo de la
educación humanista sería el promover el desarrollo del conocimiento personal
de los alumnos.
Estas metas
amplias, son los puntos en común de las distintas propuestas y escritos humanistas;
la forma en que se pretende lograrlas (técnicas), defiere según la aproximación
o planteamiento educativo.
Concepción del alumno.
Para esta
aproximación, los alumnos son entes individuales completamente únicos y
diferentes de los demás y se tiene la firme convicción de que al finalizar la
experiencia académica, esta singularidad de los alumnos como personas, ser
respetada y aún potenciada (Ramachek, 1987).
También los
alumnos son percibidos, no sólo como seres que participan cognitivamente en las
clases, sino como personas que poseen afectos y que tienen vivencias
particulares. De hecho, se les concibe como personas totales no fragmentadas.
Concepción del maestro.
El núcleo
central del papel del docente en una educación humanista esta basada en una
relación de respeto con sus alumnos. El profesor debe partir siempre, de las
potencialidades y necesidades individuales de los alumnos y con ello crear y
fomentar un clima social fundamental para que la comunicación de la información
académica y la emocional sea exitosa (Hamachek, 1987).
Otra
característica importante del maestro humanista, asociada con la anterior es
que debe ser un facilitador de la capacidad potencial de autorrealización de
los alumnos. Sus esfuerzos didácticos, deben estar encaminados a lograr que las
actividades de los alumnos sean autodirigidas fomentando el autoaprendizaje y
la creatividad. El maestro no debe limitar, ni poner restricciones en la
entrega de los materiales pedagógicos, antes bien debe proporcionarles a los
alumnos, todos los que estén a su alcance (Rogers, 1978).
Varios
autores mencionan otros rasgos no menos importantes que debe poseer el maestro,
a saber:
1.- Debe ser
un maestro interesado en la persona total de los alumnos (Hamachek, 1987).
2.- Debe
estar abierto ante nuevas formas de enseñanza u opciones educativas (Carlos,
Hernández y García, 1991: Sebastián, 1986).
3.- Fomentar
el espíritu cooperativo de sus alumnos (Sebastián, 1986).
4.- Deben
ser frente a sus alumnos tal y como son, auténticos y genuinos (Good y Brophy,
1983; Sebastián, 1986).
5.- Deben
comprender a los alumnos poniéndose en el lugar de ellos siendo sensible a sus
percepciones y sentimientos (comprensión empática) (Good y Brophy, 1983).
6.- Debe
rechazar las posturas autoritarias y egocéntricas (Sebastián, 1986).
Concepto de aprendizaje.
En
definitiva, dentro de los humanistas es C. Rogers (1978) quien más
adecuadamente ha analizado el concepto de aprendizaje. Para Rogers, el ser
humano tiene una capacidad innata para el aprendizaje si dicha capacidad no es
obstaculizada el aprendizaje se desarrolla oportunamente. Este aprendizaje
llega a ser significativo, cuando involucra a la persona como totalidad
(procesos afectivos y cognitivos) y se desarrolla en forma vivencial (que se
entreteja con la personalidad del alumno).
Rogers
sostiene que es mucho mejor si se promueve un aprendizaje participativo (donde
el alumno decida, mueva sus propios recursos y se responsabilice de los que va
a aprender) que un aprendizaje pasivo o impuesto por el profesor. Otro factor
determinante para que se logre el aprendizaje significativo, es que se eliminen
los contextos amenazantes que pudieran estar alrededor de él. En lugar de ello,
es necesario un ambiente de respeto, comprensión y apoyo para los alumnos. Si
se toman en cuenta estas características, cuando el maestro enseña es muy
probable que se logre un aprendizaje significativo el cual es mucho más
perdurable y profundo que los aprendizajes que sólo se basan en la mera
acumulación de conocimientos (aprendizaje memorístico, Palacios, 1978).
Metodología de la enseñanza.
Como señala
Hamachek (1987) las aplicaciones del paradigma humanista a la educación no
ofrecen una teoría formalizada para la instrucción. En cambio se proponen una
serie de técnicas y sugerencias con la finalidad de lograr una comprensión más
adecuada de la conducta de los alumnos, mejorar el clima de respeto, dar
oportunidad a los alumnos para que logren desarrollar su potencial y consiga un
aprendizaje significativo experiencial en las aulas escolares (Carlos,
Hernández, y García, 1991).
Patterso
(1973, cit. por Good Y Brophy, 1983) menciona algunos pasos necesarios para
lograr los objetivos de una educación humanista:
1.- Los
programas deben ser más flexibles y proporcionar mayor apertura a los alumnos.
2.- Se debe
proveer el aprendizaje significativo vivencial.
3.- Se debe
dar primacía a las conductas creativas de los alumnos.
4.- Se debe
propiciar mayor autonomía a los alumnos.
5.- Se debe
dar oportunidad a la cooperación de los alumnos.
6.- Se debe
dar oportunidad para que los alumnos hagan evaluación interna.
Rogers
(1978) señala algunos enfoques, técnicas y métodos que pueden ser utilizados
para desarrollar un ambiente de libertad para el aprendizaje de los alumnos.
Construir
sobre problemas percibidos como reales. Se debe tratar de que el alumno se
enfrente a problemas que le pertenezcan. En este sentido, puede ser válido que
el maestro aliente a los alumnos que expongan aquellos problemas verdaderos que
tienen y que se asocien con el curso a impartir. Igualmente puede ser útil,
confrontar a los alumnos con problemas que en el futuro serán reales para
ellos.
Proporcionar
recursos. En lugar de que el maestro dedique tiempo a la planeación y
elaboración de programas de estudio para los alumnos, debe intentar reunir
todos los recursos disponibles para lograr un aprendizaje vivencial acorde con
los intereses y necesidades de los alumnos. Los recursos pueden ser mapas,
libros, periódicos, excursiones, visitas, etc., e incluso otros como los
humanos, donde el maestro puede jugar un papel esencial.
Uso de
contratos. Este es un recurso donde el alumno determina sus propios objetivos
en el curso y compromete a realizar una serie de actividades para lograrlos. Al
mismo tiempo, los alumnos saben que tienen ciertos derechos con ese contrato,
si cumplen sus obligaciones responsablemente (vgr. obtener una calificación).
Se dice que el contrato es una especie de mediador entre libertad del alumno y
las exigencias de un programa o institución.
La división
del grupo. Dado que los alumnos deben tener libertad para elegir entre la
realización o no de contratos o entre un programa abierto y flexible y otro
estructurado, no siempre habrá alumnos que opten por las primeras alternativas.
En estos casos es conveniente dividir el grupo y proporcionar el tipo de
enfoque apropiado a cada parte grupal.
Trabajo de
investigación. Consiste en que los alumnos realizan investigaciones basadas en
el aprendizaje autoiniciado y vivencial. Para iniciar esta técnica el maestro
crea un clima de investigación sugiriendo problemas o tópicos a ser
investigados, animando y dando apoyo inicial a los alumnos, posteriormente
ellos realizan actividades autodirigidas fomentando un marco idóneo y un acercamiento
a la actitud inquisitiva o científica.
Concepto de evaluación.
En esta
aproximación se considera que la evaluación es difícil de realizar a través de
criterios externos, por lo que propone que una opción válida es la
autoevaluación. Son los alumnos los que están en una posición más adecuada para
determinar en que condiciones de aprendizaje se encuentran después de haber
finalizado un curso. Como señala Palacios (1978) "no tendría sentido
defender un aprendizaje autoiniciado, autodirigido, autodeterminado, si al
tiempo, no se defendiera la autoevaluación y la autocrítica respecto a él"
(p. 223).
Según
Patterson (1982) la autoevaluación puede hacerse a través de una evaluación
escrita, calificarse a s! mismo, demostrar si se ha cumplido un contrato,
discutiendo con otros compañeros, análisis mutuo con el profesor, etc. Los
criterios que siguen los alumnos para la autoevaluación suelen ser muy
diferentes en cada ocasión. Rogers (1978,p.81) destaca dos tipos de criterios
que en mayor o menor grado, toman en cuenta los alumnos cuando se autoevalúan:
A) Criterios
significativos desde el punto de vista personal.
- grado de
satisfacción con el trabajo, que obtuve de él.
- evolución
intelectual y personal,
- compromiso
personal con el curso,
- ¿el curso
me estímulo a seguir estudiando algún tema?.
B) Criterios
impuestos desde afuera o asumidos en el pasado.
- grado de
profundidad con que se leyeron los materiales,
- dedicación
puesta en todas las clases, lecturas, trabajos,
-
comparación con mi dedicación con otros cursos,
-
comparación con mi dedicación con respecto a la de mis otros compañeros.
Finalmente
Rogers señala que si se utiliza la autoevaluación como recurso se fomenta la
creatividad, la autocrítica y la autoconfianza en los alumnos.
RESUMEN
El paradigma
humanista no es monolítico sino que agrupa varias corrientes dentro de él.
Elaborado a partir de las corrientes filosóficas del existencialismo y la
fenomenología, as! como de la práctica clínica y la reflexión de los psicólogos
humanistas, se ha logrado configurar un esquema teórico-práctico con una
identidad propia.
La
problemática en que se centra el paradigma es el estudio integral de la persona
como entidad única y total. Los supuestos teóricos del paradigma, giran en torno
a la autorrealización, la autoconciencia y la responsabilidad de los actos
volitivos humanos. En el paradigma no existe una metodología única, sin embargo
puede considerarse como una importante premisa en este sentido, el enfoque
holista del estudio de la persona.
En las
aplicaciones educativas, el interés de los humanistas se centra en proponer una
educación integral para lograr el desarrollo total de la persona. En este
sentido, los objetivos que se proponen destacan la importancia de la
autorrealización de los alumnos. El alumno es un ser único, irrepetible, con
necesidades personales de crecimiento. El maestro a su vez, es un guía y
facilitador de la tendencia actualizante que poseen todos los alumnos. No
existe una metodología única, pero si varias técnicas para proponer el
aprendizaje significativo vivencial y el autocrecimiento de los alumnos.
Respecto a la evaluación, los humanistas destacan a la autoevaluación como una
alternativa válida porque permite incluso la autocrítica y la autoconfianza.
REFERENCIAS
- Bugental, J. L. (1965) The search for
authenticity: an existential-analytic approach to psychotherapy. New York: Holt, Rinchart an Winston.
- Carlos, J.
Hernández, G. García, H. (1991) Las teorías de la psicología educativa:
análisis por dimensiones educativas. Programa de publicaciones de material
didáctico: Facultad de Psicología UNAM.
- Fuentes,
O. (1985) Crítica a la escuela. México: El caballito SEP.
- Good, T.L.
Y Brophy, J.E. (1983) Psicología educacional. México: Interamericana.
- Hamachek, D.E. (1987) Humanistic psychology.
Theory, postulates and implications for educational processes. En J. Glover y
R. Ronning (Eds.) Historical Foundations of educational psychology. N. York: Plenum Press.
- Maslow,
A.H. (1988) La amplitud potencial de la naturaleza humana. México: Trillas.
- Morris, V.C. (1966) Existentialism and
education. N. York : Harper and Row.
- Palacios, J.
(1979) La cuestión escolar. Críticas y alternativas. Barcelona: Laís.
- Patterson,
C.H. (1982) Bases para una teoría de la enseñanza y psicología de la educación.
México: El Manual Moderno.
- Rogers, C.
(1978) Libertad y creatividad en la educación. Buenos Aires: Paidós.
- Sebastián,
J. (1986) Psicología humanista y educación. Anuario de Psicología, 34 (1),
85-102.
- Villegas,
M. (1986) La psicología humanista: historia, concepto y método. Anuario de
psicología, 34, (1), 7-45.
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